lunes 8 de febrero de 2010

Entre siempre y jamás


Pequechini:

Hoy estamos cansadas las dos, Luna y yo. Y digo cansadas, por agotamiento físico y mental. ¡Qué trajín! Pero, ahora, tod@s duermen ya y aprovechamos la calma para leerte, con voz algo trémula, otro poema. Se llama: Entre Siempre y Jamás y dice así:

"Entre siempre y jamás
el rumbo el mundo oscilan
y ya que amor y odio
nos vuelven categóricos
pongamos etiquetas
de rutina y tanteo

-jamás volveré a verte
-unidos para siempre
-no morirán jamás
-siempre y cuando me admitan
-jamás de los jamases
-(y hasta la fe dialéctica
de) por siempre jamás
-etcétera etcétera

de acuerdo
pero en tanto
que un siempre abre un futuro
y un jamás se hace un abismo
mi siempre puede ser
jamás de otros tantos

siempre es una meseta
con borde con final
jamás es una oscura
caverna de imposibles
y sin embargo a veces
nos ayuda un indicio

que cada siempre lleva
su hueso de jamás
que los jamases tienen
arrebatos de siempres

así
incansablemente
insobornablemente
entre siempre y jamás
fluye la vida insomne
pasan los grandes ojos
abiertos de la vida.

A nosotras nos gusta mucho la estrofa que dice "que los jamases tienen arrebatos de siempres". ¡Qué música tan bella! Te dejamos, pequechini, que averigües de quién es. No es tan difícil. Ya verás, con tus ojos achinados, abiertos a la vida. Un buen lametón, de Lula. Tira fuerte del hilo. Nos encontrarás.

domingo 7 de febrero de 2010

Sombreritos chinos y alas... de Alicia


Pequechini:

Hoy te regalamos los sombreritos chinos de P. con fondo de Alicia en su país de las maravillas ;-) y unas alas muy especiales inventadas por el fantástico cantautor y poeta Pablo Guerrero.

Alas Alas

Una lluvia de almendras,
dos trenzas diminutas,
tres parapentes blancos,
cuatro cestas de frutas.

Cinco copas de hierro,
seis recuerdos heridos,
siete caminos largos,
ocho lirios partidos.

Nueve mareas altas,
diez sorbos de cerveza,
once alquimistas ciegos,
doce encinas que rezan.

Un día nos regala
como yo a tí te regalo ahora
alas, alas.

Trece viernes de dicha,
catorce desconocidos,
quince perfumes limpios,
dieciséis horas de olvido.

Diecisiete reyes de oro,
dieciocho decisiones,
diecinueve caballeros,
con veinte preocupaciones.

Veintiuna albercas de agua
con veintidós pensamientos,
veintitrés pasos perdidos,
veinticuatro sentimientos.

Un día nos regala
como yo a ti te regalo ahora
alas, alas.

Porque, pequechini, como dicen por ahí, los niños y los menos niños necesitamos "wings to fly and roots to grow... and glow" Lametones de Lula y besines de Luna. Nos encontrarás.

viernes 5 de febrero de 2010

¿Estás cansada?


Pequechini:

Entre col y col, ¿una de queso? No paramos, así que recurrimos a recuerdos, poemas, historias, para seguirte diciendo que estamos aquí. Hoy recordamos a un poeta estadounidense que conocimos hace tiempo, en la época de estudiantes. Se llama Cummings. El poema que te ponemos está en inglés y traducido al castellano en esta página http://poemaseningles.blogspot.com/. La traducción, por tanto, no es nuestra esta vez, pero nos parece muy acertada. ¿Y a ti? Seguimos con el amor, y el mar, uno de los ejemplos más vivos del eterno vaivén... y de la libertad.

Otro día te contamos de los gorritos chinos que está preparando tu prima P., por su cuenta y riesgo, para ti. Ya lleva tres... ¿Será una premonición? ¿no nos digas que váis a llegar de tres en tres...? Te esperamos, llegues cuando llegues y como llegues. Eso ya lo sabes. Un buen lametón de Lula y besines de Luna. Nos encontrarás.

You are tired
Edward Estlin Cummings (1894-1962)

You are tired,
(I think)
Of the always puzzle of living and doing;
And so am I.

Come with me, then,
And we’ll leave it far and far away–
(Only you and I, understand!)

You have played,
(I think)
And broke the toys you were fondest of,
And are a little tired now;
Tired of things that break,
and–Just tired.
So am I.

But I come with a dream in my eyes tonight,
And I knock with a rose
at the hopeless gate of your heart–
Open to me!
For I will show you the places
Nobody knows,
And, if you like,
The perfect places of Sleep.

Ah, come with me!
I’ll blow you that wonderful bubble, the moon,
That floats forever and a day;
I’ll sing you the jacinth song
Of the probable stars;
I will attempt the unstartled steppes of dream,
Until I find the Only Flower,
Which shall keep (I think) your little heart
While the moon comes out of the sea.


Estás cansada

Estás cansada
(yo creo)
del perpetuo enigma de vivir y sus afanes;
y yo también.

Ven conmigo, pues,
y partiremos muy lejos
(sólo tú y yo, ¿comprendes?).

Tú has jugado
(yo creo)
y has roto tus juguetes más queridos,
y ahora estás algo cansada;
cansada de las cosas que se rompen,
cansada, eso es todo.
Yo también.

Pero vengo con un sueño en mis ojos esta noche,
y llamo con una rosa
a la desolada verja de tu corazón.
¡Ábreme!
Que yo te mostraré lugares que nadie conoce
y, si tú quieres,
las perfectas regiones del Sueño.

¡Ah, ven conmigo!
yo te encenderé esa maravillosa burbuja, la luna,
que perenne flota.
Te cantaré la canción jacinto
de las probables estrellas,
y buscaré en las apacibles estepas del Sueño,
hasta encontrar la Flor Única,
que sustentará (yo creo) tu tierno corazón
mientras la luna se eleva desde el mar."
E.E. Cummings

martes 2 de febrero de 2010

Cerrar podrá mis ojos...



Pequechini:

Luna aún recuerda a algunos profes que le enseñaron tantas y tantas cosas. Una profe llamada Carmen le enseñó, cuando L. tenía 14 años, a leer y entender este fantástico soneto de Quevedo. Y como habla de amores, pues aquí lo tienes, en homenaje a ti, y a todos los profes que siguen inculcando la belleza en el corazón de sus alumn@s, y en homenaje al amor, siempre en libertad, claro. Un buen lametón de Lula. Nos encontrarás.


"Cerrar podrá mis ojos la postrera
sombra que me llevare el blanco día,
y podrá desatar esta alma mía
hora, a su afan ansioso, lisonjera.

Mas no de esotra parte en la ribera
dejará la memoria en donde ardía.
Nadar sabe mi llama la agua fría
y perder el respeto a ley severa.


Alma, a quien todo un Dios prisión ha sido,
venas, que humor a tanto fuego han dado,
médulas, que han gloriosamente ardido,

Su cuerpo dejarán, no su cuidado;
serán cenizas mas tendrán sentido:
polvo serán, mas polvo enamorado."

Francisco de Quevedo y Villegas

lunes 1 de febrero de 2010

Amor de tarde


Pequechini:

Mario Benedetti es otro de nuestros poetas. Aquí tienes un poema suyo que esperamos te guste. La foto es del viernes en las Lagunas. Está tomada detrás del Hundimiento.

"Es una lástima que no estés conmigo
cuando miro el reloj y son las cuatro
y acabo la planilla y pienso diez minutos
y estiro las piernas como todas las tardes
y hago así con los hombros para aflojar la espalda
y me doblo los dedos y les saco mentiras.

Es una lástima que no estés conmigo
cuando miro el reloj y son las cinco
y soy una manija que calcula intereses
o dos manos que saltan sobre cuarenta teclas
o un oído que escucha como ladra el teléfono
o un tipo que hace números y les saca verdades.

Es una lástima que no estés conmigo
cuando miro el reloj y son las seis.
Podrías acercarte de sorpresa
y decirme "¿Qué tal?" y quedaríamos
yo con la mancha roja de tus labios
tú con el tizne azul de mi carbónico."

Un buen lametón de Lula y un beso de Luna

domingo 31 de enero de 2010

¿Que yo tiro fuerte de la correa? No, eso nunca...



Pequechini:

El viernes estuvimos en las Lagunas de Ruidera. Están llenas de agua y había mucha gente. Ya sabes que a mí me encanta el agua y me gusta muchísimo bañarme. Estaba deseando meter las patas dentro, pero Luna me llevaba atada para que no molestase... Yo tiraba y tiraba fuerte de la correa para decirle que me dejase saltar, pero nada, no me dejaba. Cuando íbamos a cruzar por un riachuelo formado entre La Lengua y la Salvadora, tiré tanto de la correa que Luna se tambaleó. Yo seguía tirando hasta que Luna se cayó al riachuelo. Primero, metió los pies en el agua, y ni botas de montaña, ni nada, se le empaparon los pies; luego, cayó de bruces y se le mojaron, primero, las rodillas; después, la tripa y, luego, se cayó enterita en el riachuelo que, como llevaba mucha corriente, casi se la lleva hacia la Salvadora. Luna sólo pensaba: ¡Que me lleva la corriente! La gente la miraba atónita...

Y yo, Lula, seguía atada a la correa y a la mano de Luna, que en ningún momento me soltó. Luna es una cabezota y más le hubiera valido soltarme. Al final, Luna logró salir del agua, empapada de la cabeza a los pies y, entonces, llegó la gente a preguntarle que si estaba bien. Aparte de empapapada y algún que otro arañazo, todo estaba en orden.

Terminamos de cruzar el "río" y ya Luna, harta de que yo siguiera tirando de la correa, me soltó y, POR FIN, ME DI EL BAÑO QUE TANTO ESTABA DESEANDO. ¡EL AGUA ESTABA BUENÍSIMA, QUE SE LO DIGAN A LUNA...!

Y luego dicen que no sirve de nada tirar de la correa... ¡En fin, que nos reímos mucho y lo pasamos genial! Merece la pena verlas. Ya las verás, pequechini.

Un buen lametón, de Lula

sábado 30 de enero de 2010

Más luz...


Pequechini:

Uno de los grandes poetas y dramaturgos de toda la historia escribió sonetos como éste, luminosos y bellos, como las luces y las sombras de la foto que te ponemos aquí. Que las disfrutes. Otro día te ponemos la traducción. Un buen lametón, de Lula, y un besito de Luna.


LXV Sonnet- Shakespeare (si quieres leer más sonetos en inglés, pásate por http://www.shakespeares-sonnets.com/sonn02.htm)

"Since brass, nor stone, nor earth, nor boundless sea,
But sad mortality o'ersways their power,
How with this rage shall beauty hold a plea,
Whose action is no stronger than a flower?
O! how shall summer's honey breath hold out,
Against the wrackful siege of battering days,
When rocks impregnable are not so stout,
Nor gates of steel so strong but Time decays?
O fearful meditation! where, alack,
Shall Time's best jewel from Time's chest lie hid?
Or what strong hand can hold his swift foot back?
Or who his spoil of beauty can forbid?
O! none, unless this miracle have might,
That in black ink my love may still shine bright." William Shakespeare

viernes 29 de enero de 2010

La luz...



Pequechini:

A veces, con pocas palabras basta para decirlo todo.

"D'une seule caresse je te fais briller de tout ton éclat. Paul Éluard."

Ese momento llegará. Un buen lametón, de Lula

El árbol que llora - 4


Pequechini:

Hoy si podemos seguir con Víctor. Lo prometido es deuda, así que la cuarta entrega. Aún quedan algunas más...

- Es Eine Kleine Nachtmusik (Pequeña Serenata Nocturna) de Mozart, precisó la señora.
- Ah ¡Pues es bien bonita esta musiquilla, pero tengo que venderla y dejar de oírla aunque sólo lo hago porque no he encontrado ningún trabajo que, si no!, añadió el hombre con la voz tomada por la emoción.
Justo entonces, la joven le dedicó una sonrisa tan dulce que Víctor se emocionó aún más. De nuevo, la chica agitó las manos y su madre explicó:
-Mi hija le ruega que guarde su cajita de música. Y, además, como busca usted trabajo, le proponemos hacerse jardinero de nuestro castillo. ¿Qué le parece la idea?
-¡Me parece estupenda! Muchísimas gracias. ¡Madre mía, no me lo puedo creer! ¡Esto no se me hubiera ocurrido ni en mis mejores sueños!
Y, Víctor, muy contento, se atusó el bigote pelirrojo y las siguió.
Al llegar al castillo, la joven, que se llamaba Angélica, lo invitó, con un gesto, a dirigirse al salón. Y, rápidamente, Angélica se sentó al piano...
El leñador había escuchado miles de veces la pequeña serenata nocturna, con el oído pegadito a la minúscula cajita de música, pero oírla interpretada al piano... era como escucharla por primera vez, con matices que nunca antes había percibido. Le pareció aún más bella. Y sus recuerdos de infancia se hicieron más presentes que nunca... Víctor, demasiado conmovido como para retener sus lágrimas, las dejó caer...

jueves 28 de enero de 2010

El águila y el halcón


Pequechini:

Seguimos con problemas logísticos pero Lobo nos ha enviado esta preciosa leyenda sioux y no nos hemos resistido a ponerla ya, con alguna ayuda que otra. Muchas, muchas gracias, Lobo, y tú, pequechini, que la disfrutes tanto como nosotras.

El águila y el halcón:

Cuenta una vieja leyenda lakota que una vez llegó hasta la tienda del chamán más viejo de la tribu una pareja de enamorados cogidos de la mano. Toro Bravo, el más valiente y honorable de los jóvenes guerreros, y Nube Alta, la hija del jefe y una de las más hermosas mujeres de la tribu. "Nos amamos", empezó el joven. "Y nos vamos a casar", dijo ella. "Y nos queremos tanto que tenemos miedo. Queremos un hechizo, un conjuro, un talismán. Algo que nos garantice que podemos estar siempre juntos. Que nos asegure que estaremos uno al lado del otro hasta encontrar a Wakan Tanka el día de nuestra muerte. Por favor, ¿hay algo que podamos hacer?".

El viejo los miró y le emocionó verles tan jóvenes, tan enamorados ... "Hay algo", dijo el viejo después de una larga pausa, "pero, no sé ... es una tarea muy difícil y sacrificada". "No importa", contestaron los enamorados. "Bien", dijo el brujo, "Nube Alta, ¿ves el monte al norte de nuestro campamento?. Deberás escalarlo sola sin más armas que una red y tus manos. Y deberás cazar el halcón más hermoso y vigoroso del monte. Luego deberás traerlo aquí con vida el tercer día después de la luna llena. Y tu, Toro Bravo, deberás escalar la montaña del trueno y, cuando llegues a la cima, encontrar la más brava de todas las águilas y solamente con tus manos y una red atraparla sin herirla y traerla ante mi, viva, el mismo día que vendrá Nube Alta. ¿Comprendisteis?". La pareja asintió y el anciano hizo el gesto indicando que no tenía más que decir. Los jóvenes se miraron con ternura y después de una fugaz sonrisa, salieron a cumplir la misión encomendada, ella hacia el norte y él hacia el sur.

El día establecido, frente a la tienda del Chamán, los dos jóvenes esperaban con sendas bolsas de tela que contenían las aves solicitadas. El viejo les pidió que, con mucho cuidado, las sacaran de las bolsas. Los jóvenes enamorados lo hicieron y expusieron ante la aprobación del viejo los pájaros cazados. Eran verdaderamente hermosos, sin duda lo mejor de su estirpe. "¿Volaban alto", preguntó el anciano. "Por supuesto, como lo pediste .... ¿y ahora?", preguntó el joven, "¿esperamos un sacrificio, hemos de matarlos, que hemos de hacer?". "No", dijo el viejo sabio, "hagan lo que les digo: tomad las aves y atadlas entre sí por las patas con estas tiras de cuero. Cuando lo hayáis anudado, soltadlas y que vuelen libres". El guerrero y la joven así lo hicieron. Cuando soltaron a los alados, el águila y el halcón intentaron levantar el vuelo, pero solo consiguieron revolcarse por el suelo. Unos minutos después, frustradas, las aves arremetieron a picotazos entre si hasta lastimarse.

"Este es el conjuro: jamás olvidéis lo que habéis visto. Sois como un águila y un halcón: si se atan el uno al otro, aunque lo hagan por amor, no solo vivirán arrastrándose sino que, además, tarde o temprano, empezarán a hacerse daño el uno al otro. Si queréis que vuestro amor perdure, volad juntos pero jamás atados".

Transcrito por Lula y Luna y enviado por Lobo.

Un buen lametón, de Lula. Nos encontrarás.